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Economist and University Professor. Former senior official of the European Bank for Reconstruction and Development , the World Bank , the Inter-American Development Bank , and the Ministry of Finance of Mexico. Some of my research articles can be found at : http://rlago-articlesonline.blogspot.com

Wednesday, July 15, 2009

Entrevista al economista Ricardo V. Lago, sobre el actual estado y proyecciones de la economía peruana

http://www.semanaeconomica.com/articulos/41864-entrevista-al-economista-ricardo-v-lago-sobre-el-actual-estado-y-proyecciones-de-la-economia-peruana














Exclusivo en la web

Por: Por Héctor Collantes

Ricardo V. Lago es economista español, profesor de universidad y bloguea con nosotros sobre economía local peruana desde mayo de este año, en el blog "El Nuevo Sol". Asimismo, fue director general de Economía del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, y alto funcionario del Banco Mundial, el BID, y del gobierno de México. Además, es estudioso entusiasta de la economía peruana desde hace 20 años. Tal vez por eso se atreve a ir contra la corriente. “A más de uno le recomendaría releer o leer a Frédéric Bastiat”, sugiere Lago.

¿Cuán efectivo será el plan de estímulo peruano?

Creo que un 35% se va a filtrar en importaciones y el 65% que queda impactará de acuerdo con el valor del multiplicador del gasto publico (cuántos soles del PBI generan un sol de gasto público). En una economía "grande" y en recesión profunda como Estados Unidos, Japón o Alemania, uno puede conjeturar que el multiplicador pueda llegar a ser mayor a 1. En el diseño del plan de estímulo de Obama han partido de un supuesto de 1.5. Hay economistas académicos muy respetados (antikeynesianos), como Robert Barro, que defienden que en realidad históricamente el multiplicador en EEUU nunca ha excedido a 0.8. Creo que en el Perú de hoy el multiplicador del gasto público no excede a 0.5, pues es una economía "pequeña" (tan sólo produce US$2 de cada 1,000 de la economía mundial), muy abierta, y que no está en recesión profunda y mucho menos en depresión .Por consiguiente, algunos de los recursos / factores de producción que vienen atraídos por el mayor gasto publico son substraídos parcialmente de procesos de producción de otros sectores, lo que se conoce como “efecto desplazamiento” o “crowding out” . Estamos hablando de economía, no de aritmética. Además, es un fenómeno conocido, inherente a la naturaleza humana y de ningún modo exclusivo del Perú, que cuando uno gasta fondos ajenos, siempre una parte del dinero se queda por el camino.


¿No le parece que se está gastando muy lentamente?

Estoy convencido de que las críticas al ritmo del gasto del MEF no están justificadas. No se trata de gastar mucho y con rapidez, sino de que no falte el dinero para gastar bien. Y ahí es donde radica parte del meollo de la cuestión: ¿Qué quiere decir gastar bien? Lo que para ti es gastar bien, para mí puede ser malgastar. Esta dicotomía no existe cuando el gasto es familiar, privado y soberano. La cifra global de gasto público no me inspira mucho entusiasmo, no es lo mismo alcanzar ésta repartiendo billetes de S/.20 a cada transeúnte en la Plaza de San Martín, que dotando de un ordenador a cada aula de cada escuela del Perú. No contribuye del mismo modo al PBI y al crecimiento económico la construcción de una carretera sin evaluación de la inversión que un gasto equivalente en un proyecto no sujeto a tal filtro. No trivialicemos. El MEF ha procurado que no se malgaste el dinero del erario y eso es lo correcto, incluso a riesgo de que el ritmo de gasto sea más lento. Me consta que el ex ministro Valdivieso invirtió tres meses en identificar los 60 mejores proyectos de inversión pública (de acuerdo con análisis y evaluación) y los seis mejores de gasto social. El ministro Carranza ha ampliado la lista y agilizado los procedimientos a medida que empeoraba la economía mundial. Se han preocupado por no caer en el populismo; han seguido el enfoque riguroso. Por otra parte, ninguno de los organismos internacionales o bancos de inversión pronostica que el Perú vaya a entrar en una recesión profunda; por tanto, no se puede suponer que el gasto público no desplace y/o encarezca el gasto privado (crowding out). Además, la efectividad de la inversión pública dependerá de cuánto puedan asimilar con eficiencia sus ejecutores y receptores, pues se parte de una capacidad gerencial y técnica limitadas. Muchos de los constructores todavía están ocupados con contratos privados. Hace dos meses, un amigo empresario me abrió sus libros y me mostró las cifras de invitaciones a licitación de obra convocadas por el sector privado. En la serie mensual se detectaba una rápida caída entre octubre y febrero, y de ahí una fuerte recuperación a partir de marzo. Asimismo, como hay desfases entre la decisión y la ejecución del gasto público, parte de las medidas de estímulo podrían empezar a surtir efecto cuando la economía esté en fase de recuperación y al superponerse con ésta podrían alimentar la inflación e incluso un fuerte desequilibrio en la balanza de pagos.


¿Coincide con otros analistas en que la tasa de interés demoró mucho en reducirse?

Si el BCR hubiera reducido tasa de interés prematuramente, el Perú hubiera corrido el riesgo de caer en una crisis cambiaria. Cierto que las reservas de divisas son elevadísimas, pero, ojo, que en una situación de pánico nadie se cree nada ni se fía de nadie. Todos somos incrédulos, de lo contrario que se lo pregunten a los inversionistas ricos y menos ricos que confiaron su dinero a muchos sesudos y “sofisticados” fondos de inversión y no digamos aquellos que invirtieron con los Madoff y Stanford de este mundo. Entre setiembre del 2008 y mayo del 2009, se acrecentó repentinamente la preferencia de los inversionistas por la "tradicional seguridad " de los bonos del Tesoro estadounidense. Para retener los capitales en el sistema financiero peruano no había otra opción más que pagarles una prima de riesgo suficiente (mantener la tasa de interés al 6.5%). Pero en paralelo, en ocho meses, el BCR inyectó un monto liquidez adicional en el sistema equivalente al doble del circulante y 100% de la cantidad de dinero (M1) para que los bancos mantuvieran un ritmo razonable de crecimiento en el crédito y pudieran hacer frente a posibles retiros de depósitos. La inyección nunca es “gratis”, pues se pierden divisas, mermaron de un nivel de US$36,000 a uno de US$30,000 millones –ahora están repuntando otra vez al alza– pero fue una buena inversión y apuesta porque el BCR pudo mantener la estabilidad cambiaria con un costo moderado de reservas.

Los bancos centrales de México, Brasil y Chile, entre otros, no corrieron la misma suerte. Los brasileños y sobre todo los mexicanos, perdieron en pulso contra el mercado y tuvieron que devaluar sus monedas alrededor del 40%, las pérdidas de reservas cayeron en saco roto. Los chilenos tomaron la decisión de dejar caer el valor del peso –casi un 50%– frente al dólar antes que incurrir en pérdidas de reservas. La ironía es que ahora sus monedas se están apreciando, es decir, sobredevaluaron primero y ahora los tipos de cambio van de regreso hacia abajo. La excesiva volatilidad cambiaria tiene efectos negativos en los balances y flujos de caja de muchas empresas. Esta es una de las razones que han empujado a estas economías a la recesión. Sin embargo, el BCR consideró que la solidez financiera del país era suficiente para aguantar el pulso al mercado y lo logró, evitando una maxidevaluación. A posteriori, podemos decir, que el diagnóstico y el enfoque del BCRP fueron los acertados.

El Banco Central de Chile pudo empezar a bajar agresivamente las tasas de interés desde el 8% en diciembre del 2008 hasta el 1% en mayo porque la moneda estaba muy cobijada por una devaluación acumulada del 50% entre abril y noviembre. Es decir, había pagado el costo de la devaluación de partida. El BCR no pudo iniciar la reducción de tasas hasta marzo porque el sol apenas se había devaluado moderadamente, 20%, y la caída de su valor se mantuvo hasta febrero. No tenía el resguardo de una maxidevaluación precisamente por haber sido capaz de evitarla. Desde marzo hasta junio –una vez consolidada la confianza, estabilizada la cuenta corriente de la balanza de pagos, y con la preferencia por los bonos del Tesoro de EEUU en reversa– el BCR ha podido reducir las tasas de 6.5% al 3%. Las tasas de Brasil y México aún siguen en niveles más altos que las peruanas, las primeras al 9% y las segundas al 5%.
Algunos dicen que "como no ha habido crisis cambiaria, debieron empezar a bajar las tasas de interés antes", pero yo me pregunto: ¿cómo puede uno suponer que no habría habido una crisis cambiaria, si se hubieran bajado las tasas cuando todavía cundía el pánico y reinaba la preferencia por los bonos del Tesoro de EEUU? A los críticos yo les recomendaría leer o releer el libro Lo que se ve y lo que no se ve, del economista francés de principios del XIX, Frédéric Bastiat, está disponible on-line y en castellano. Lo que se ve es que no hubo crisis cambiaria, y lo que no se ve es lo que hubiera pasado con una reducción prematura de tasas. En otras palabras, hablar por hablar es gratis.
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¿Qué opina de la gestión de Julio Velarde a la cabeza del BCR?
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Velarde no lo cuenta porque es discreto y modesto. En agosto de 1990, Julio Velarde, con la ayuda de Martha Rodríguez, Javier de la Rocha (que en paz esté), Renzo Rossini, Marilyn Choy y el equipo del Banco Central pararon en seco la hiperinflación. Por aquellos días Velarde era el presidente de facto del banco, pues el presidente nombrado, Jorge Chávez, estaba terminando su doctorado en Oxford. Velarde es uno de los no más de cien banqueros centrales de la historia de la humanidad que han parado una hiperinflación, que es la anomalía más grave que puede sufrir una economía. Tener a alguien así en el timón inspira mucha confianza. Como he explicado anteriormente, la política monetaria del BCR durante la crisis actual ha sido de “libro de texto” y, a juzgar por los resultados superiores a las de los otros países de la región, será un caso de estudio durante muchos años. Los académicos y analistas del exterior la ensalzan, es paradójico que haya tanto crítico dentro del país. Aplauso en la calle y bofetada en la casa. ¡Curioso! ¿O no? Yo le daría a Velarde una puntuación de 19.8 y no 20 por aquello de que “sólo Alá es perfecto”.

¿Usted siempre fue “optimista” respecto al Perú?

Empecé a trabajar con el Perú en 1987 y hasta 1993, siempre con una óptica entusiasta, pero con la sensación de que esto era frágil y posiblemente reversible. En setiembre del 2008 me convierto de entusiasta en optimista, al presenciar que, en el peor momento de la economía mundial en siete décadas, el edificio económico construido por los peruanos durante dos décadas aguanta el sismo con holgura y sin necesidad de apuntalamientos artificiales. En este contexto, volver a los esquemas de activismo voluntarista con el gasto público y el dinero barato representa un viaje peligroso al pasado, además de trivializar el funcionamiento del complejo engranaje que es el sistema económico. Comparto la preocupación por el alivio a la pobreza y el progreso social de los sectores desfavorecidos. Hay que hacer más en política social, con mayor rapidez, más eficiencia, y más evaluación externa independiente. Pero reconozco que se han logrado metas muy importantes. El que el Perú haya aguantado bien la sacudida internacional, con cuentas fiscales ordenadas, sin crisis cambiarias, ni quiebras de bancos o empresas, protege el empleo y, por ende, favorece a los sectores populares. Se ha logrado que en el 2008, el peor año de la economía internacional, se gradúen de la línea de pobreza un 3% adicional de peruanos, unos 760,000 seres humanos. ¿Cuántos países pueden mostrar un resultado comparable?

¿Cómo pueden venderse mejor estos logros?

Si tienes talento y encantos pero no eres lo suficientemente “sexy” –por falta de tamaño, pues no eres una economía BRIC– debes preocuparte más por exhibirte y cuanto más mejor. El anuncio de la emisión de un bono soberano en octubre del 2008 en Washington DC y el subsiguiente road show de diciembre y enero fueron ejercicios de altísima rentabilidad para el país, y completamente malentendidos en Lima. Es cierto que el ministro Valdivieso pudo haberlo explicado mejor hacia adentro. Pero nadie en la asamblea anual del FMI en octubre se esperaba que ningún país emergente saliera a anunciar que tenía la confianza de poder colocar un bono con éxito es un mercado financiero moribundo. Me contaron que durante el road show los interlocutores se preguntaban: “bien, si el ministro de Economía y el presidente del Banco Central están aquí en Londres debe ser cierto que no tienen fuegos que apagar en casa”, además, “si no necesitan el dinero ¿para qué quieren emitir un bono?”, y la respuesta: “¡Pues, muy sencillo, para que analicen en detalle la calidad de la mercancía que traemos!”. A la semana del anuncio de octubre ya había 10 bancos de inversión estudiando en detalle las finanzas del Perú y viajando a Lima a ofrecer sus servicios de asesoría e intermediación. Si la estrategia hubiera sido equivocada, el ministro Carranza habría abandonado el empeño de emitir el bono. A mi juicio, si el bono se hubiese emitido antes y a un plazo más largo, habría tenido más resonancia. A lo mejor hubiera costado algo más caro, aunque no está claro, ya que, aunque la prima de riesgo país del Perú era más alta, la tasa base –sobre la que se aplica ésta, que es la tasa de los bonos del Tesoro de EEUU– también era más baja. En cualquier caso, la publicidad nunca es gratis. ¿Los disturbios en la selva afectaron esa imagen internacional? Creo que instigadores externos de los disturbios trataron de manipular las demandas genuinas de los nativos para asestar un golpe bajo a la economía y hacerla caer en recesión, aprovechando de manera oportunista y miserable la pésima coyuntura internacional. Pero no han tenido éxito, han prevalecido el estado de derecho y la concertación. Los disturbios han contribuido a unos días de prensa negativa para el Perú, pero eso es todo. El efecto económico será efímero. Estoy convencido de que para el grueso de la población y del electorado del Perú, los “efectismos revolucionarios de los vendedores de ilusiones” no cuajan .
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